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28 Mar 2009 - 16:39:32

Parte V

El poder de la música 
Sentada al lado de la radio escuchaba alguna melodía que le daba sentido a cada minuto. Hasta sus nueve años solo había escuchado música clásica y una que otra canción rockera que el vecino ponía en su casa. Finalmente le regalaron lo que entendió como felicidad: música.  

Encontró un cassette de Gloria Estefane y ella fue su primera cantante favorita. Memorizó al instante cada una de sus canciones y sin entender en absoluto cada emoción que ella intentaba explicar, sentía que cada palabra expresaba algo puro, algo real, deseó poder algún día sentir eso, sentir cualquier cosa.
 

Cada hora Zulema gritaba que bajara el volumen, pero a medida que la niña crecía era cada vez más difícil pedirle que se calle. Cantaba como si estuviera frente a un escenario, cada canción le arrebataba el alma.
 

Un día llegó Rosario de la misa habitual de las 10 en la capilla de su calle y con una gran sonrisa dijo que había entrado al coro de la iglesia. Nada podía hacer más feliz a su madre: estaría junto a Dios y no junto a mí que ya no quiero escuchar más canciones.
 

Bueno aquí estamos. Yo sé cantar. Sé las canciones. Solo debo ganar confianza. Por qué demonios me miran tanto. Disculpa Dios, no quiero ofenderte. Es solo que no me gusta que me miren. Qué cante más fuerte? Pero si lo hago! Me quiero ir. No, quiero cantar y no sé dónde más hacerlo. Así que te calmas, respiras y canta como salga.
 

Los ensayos eran los sábados por la tarde y los domingos antes de la misa. No conocía a nadie allí, pero se volvió su lugar favorito. A veces miraba como jugaban, poco a poco fue perdiendo el interés de unirse, pero iba aprendiendo como debía hablar con los demás. No, no lo hacía, solo sabía cómo.
 

Se contaba chistes a sí misma y reía con eso. Iba a los retiros llenos de silencio y canciones ocasionales, creía en Dios sí, pero solo iba porque podía cantar sin que le pidan que baje el volumen.
 

En casa seguía esperando aquellos minutos en los que su madre salía o se alejaba del cuarto para poder disfrutar de alguna balada y poder escribir algún poema que aunque no era inspirado por nadie, lo sentía propio.
 

Su padre era un fiel amante de la música, le enseñó a darle una oportunidad a cada estilo, a variar y buscar siempre más, le regaló su adicción al ritmo.
 

En el coro siempre alguien cantaba una canción en solo, justo después de la eucaristía, en el momento en el que se debería, según la monjita que tocaba la guitarra, pensar en lo que acabas de meter dentro de ti, pero que en realidad servía para que las señoras se disputen quien es más ferviente y los señores puedan dormitar unos minutos.
 

Casi siempre eran dos chicos quienes cantaban. Claudia y Antonio. Ella tenía una voz que cautivaba a todos y solía hacer olvidar a las señoras de rezar y los señores de dormir. Él con su voz hacía evidente que Dios existe. Ambos eran mayores. Ambos ni sabían de la existencia de la pequeña Gabriela.
 

Ella quería cantar ese solo, pero tenía mucho miedo. Practicaba todos los días y los miraba tratando de ganar la confianza que ellos tenían.
 

Un día, tras un año dentro del coro, ambos faltaron. La hermana miró a todos y la llamó. Ella miró hacia abajo y caminó. La señorita de blanco le dio un cancionero y señaló una página. Gabriela sonrió y esperó a los acordes. Cantaba muy bajo y la hermana dio por terminado el día para los demás.
 

Gabriela pasó horas ensayando. Practicó muchas canciones y se sintió segura al ver el rostro de aprobación de las hermanas que pasaban cerca.
 

El domingo llegó temprano. Se fue a confesar y al regresar la misa ya estaba por empezar. Miró a la gente y tuvo miedo, pensó en aquella piscina, pensó en el refresco, pensó en que eso de cantar no era buena idea, en que se reirían, vio a Antonio entre el público y tuvo pánico. La ceremonia avanzaba y ella rogaba por un temblor. Comulgó pidiendo por fuerzas y la guitarra empezó a sonar. Respiro, una vez más, seguía sin sentir sus labios, sus ojos desenfocaron todo y perdió el sentido.
 

Cuando despertó estaba en un sofá en la parte de atrás de la iglesia, escuchaba risas y murmullos, miró a su madre y corrió hacia ella. Salieron rápido. Ella sintió cólera por ser tan débil. Practicó la canción apenas llegó a casa. Toda la semana sintió vergüenza, a pesar de que los chicos de su colegio no habían estado allí pues no iban a misa y sus vecinos aun menos, se sintió así porque ella sabía que el miedo la había vencido.
 

El sábado llegó temprano. Mientras le abrían la puerta volvió a sentir ese retorcijón en su cuerpo y por reacción se presinó, algo que aprendió a hacer cada vez que tenía que enfrentar algo.
 

Adentro estaba Antonio practicando vocalización y los chicos comiendo galletas. Ella había preparado todo un discurso, pero se sentó a un lado y cogió un cancionero.

 
    Creó que Gabriela debería cantar mañana. —sugirió Antonio ante la mirada aterrada de la niña.    Pensé que querías hacerlo tú — comentó la hermana.    La verdad todos los domingos lo hago, creo que esta vez le vendría bien a ella, claro, si esta vez toma desayuno y si ya se siente bien.    Claro, eso me tenía mal, pero me levantaré temprano —sintió mucha gratitud hacia aquel chico y al mismo tiempo unos nervios increíbles porque tenía que cantar. 

La hermana dio los acordes, Antonio sonrió y ella cantó. Al principio algo temblorosa, pero fue tomando fuerza. Entendió que no tuvo miedo de la gente, tuvo miedo de él. Se había pasado un año escuchando esa hermosa voz, a ese chico que todo lo tomaba a la broma y parecía tan seguro de sí mismo. Tenía miedo de lo que él piense. Quería poder hablar con él, pero hablar no le era fácil, por eso quería cantar, ella lo iba conociendo en cada nota y quería que él por lo menos supiera que existe.
 

Al día siguiente recibió muchas felicitaciones de gente que no sabía ni sus nombres. Antonio sonrío y se fue. Ella fue directo a su casa. Volvió aprender la radio.
Admin · 152 vistas · 5 comentarios

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Comentarios

Comentario de : extraña de sí misma [ Visitante ]
En realidad... creo que falta profundidad en personajes cierto?... suelo tomarlo a la ligera.. fuerte error... gracias =)
   01/04/2009 @ 18:16:26

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